EL ENSANCHE DE MADRID

En 1866, se destrona a Isabel II, dando por concluída la primera etapa de los Borbones.
En esta etapa, Madrid había sido gobernado por la mayoría de los Borbones que conocemos hasta ahora y que fueron:Felipe V, Fernando VI, Carlos III, Carlos IV, Fernando VII e Isabel II, además de "el rey intruso José I"

Y aunque en el interior de la ciudad se habían realizado grandes cambios en sus espacios y construcciones,aún seguia encorsetada por la cerca mandada construir por el penúltimo de los Austrias Felipe IV en 1656.
O sea, que por más de doscientos años, Madrid no había podido crecer en extensión hacia afuera y lo había hecho hacia dentro, eliminando plazuelas, y los espacios interiores del caserío para construir nuevas viviendas.

Por lo que Madrid, durante todo ese periodo, no deja de ser un "poblachón manchego" en el que hay una extrema pobreza y donde la jor­nada de trabajo era de once horas como mínimo, el que tenía trabajo, claro.
Esta realidad laboral y la infraalimentación, unidas a las ma­las con­dicio­nes de las vi­viendas, provocaban una elevada tasa de mortalidad y una esperan­za de vida bas­tante corta.
A ello hay que añadir, las epidemias de cólera que pe­riódicamente azotaban a Madrid. Du­rante el reina­do de Isabel II, hubo epidemias en los años 1834, 1854, 1856 y 1865. En las dos prime­ras, murieron mas de 10.000 personas, la mayoría de ellas como cabría de espe­rar, de las clases po­pulares.

Pero esta situación no podía soportarse por mucho tiempo, porque durante el primer tercio del siglo XIX se produjeron una serie de transformaciones económicas y so­ciales cuya repercusión en Madrid, son palpables por lo que se imponía un ensanche de la ciudad "amurallada". Ensanche éstre que si le comparamos con el Madrid actual, comprobamos que era totalmente insuficiente, aunque claro, aceptable para la época (1857).

Son varias las razones que obligaban a este ensanche, entre las que se encuentran:
La re­volución industrial, que supuso un fenómeno de fuer­te influencia urbana, provocándo importantísimos procesos de emigración del campo a la ciudad.

El ferrocarril, se introdujo en Madrid (desde la estación de Atocha)en 1851, y con él, las estaciones que fueron ocupando un impor­tante espacio,creando a la vez importantes barreras debido a las vías.

También, en 1858 llega a Madrid un gran caudal de agua, que al mismo tiem­po que satisfacía las primeras necesidades del vecindario, facilitaba los establecimientos de ba­ños. Creándose el Canal de Isabel II.

La instalación de industrias fue otro factor de ocupación espacial sobre todo en el sur de Madrid.
Y sobre todo, el interés de la bur­guesía por crear un nuevo espacio donde vivir alejados de las incomodidades de la ciudad.

Pero la primera y principal causa por abordar la necesidad de un ensanche de Madrid, es el fuerte cre­cimiento poblacional, ya que la Villa pasó de poco más de 170.000 habitantes, a comienzos de siglo XIX, a 218.170 en 1857, y sucesivamente 400.531 en 1877.
Este crecimiento natural de la población madrileña, es negativo. (la diferencia entre los nacimientos y defunciones en el interior de la ciudad)
Algunos distritos del sur de la ciudad, como los de Inclusa o Latina, llegaban con frecuencia a tasas de mortalidad entre el 40 y el 50 por mil, datos típicamente preindus­triales.

Algunas de las causas más importantes de esta realidad poblacional son las siguientes: la difi­cultad para encontrar trabajo de quienes lle­gaban a Madrid desde las diferentes provin­cias, lo que suponía un fuerte desengaño y un peregrinar permanente para poder llevarse algo a la boca, teniendo que recurrir con fre­cuencia a la llamada «sopa boba»
Otra causa fueron las «ambrunas» o crisis de sub­sistencia, que se sucedieron a lo largo del si­glo XIX con mayor o menor virulencia, y que dieron lugar a revueltas populares.

Y sobre todo, a la situación de la vivienda en Madrid. La mayor parte de los madrileños vivían hacinados, dado que el crecimien­to de la población, no se vio correspondido por una extensión semejante del espacio ur­bano.

La cerca que Felipe IV había ordenado levantar en Madrid en 1625 seguía siendo el límite de la ciudad a mediados del siglo XIX. Por eso, para paliar el problema de vivienda, que cada vez era más acucian te, se dividían y subdi­vidían más y más las casas y cada vez se aumenta más a la altura de los edificios, suprimiéndose patios, corrales y cuadras, para dar lugar a nuevas viviendas, y quitando al­gunos de los pocos árboles que oxigenaban la ciudad;

Con ello, no sólo no aumentaba el espacio abierto para uso común o para que circulara un poco el aire sino que disminuía. Por lo que la vivienda en Madrid era cada vez más pequeña, más escasa y más cara, además de ser húmeda, insana por falta de ventilación y con pocos servicios comunes. A lo sumo un retrete comunitario para todo el corredor de viviendas. Eran las conocidas “corralas”.
Esta situación se veía agrabada por la falta de higiene y salubridad municipal.
Más de 3.000 pozos negros infectaban el suelo por no estar ninguno de ellos revestido de cemento o de argamasa impermeable.

Mucha gente hacía, por ello, sus necesidades en calles y portales. Tanto es así, que el Ayunta­miento, con motivo de la epidemia de cólera de 1854, tuvo que publicar un edicto prohi­biendo semejante comportamiento. Por todo ello, la problemática de la vivienda era uno de los argumentos más utilizados para justificar el Ensanche de Madrid.

Fernández de los Ríos, describe así la situación:

«El aloja­miento de los obreros y familias escasas de fortuna es en Madrid objeto de una especu­lación altamente lucrativa para ciertos pro­pietarios sin conciencia que, con poco de­sembolso y crecidos beneficios, levantan casas llamadas de vecindad, remedo de la famosa Tócame Roque, donde se hacinan centenares de seres desgraciados, condenados a una multitud de enfermedades hijas de aquellas redu­cidas e infestas viviendas:
Aquí se giran visitas a las tahonas y tiendas para sorprender la falta de peso de los artículos, pero nadie se cuida de denunciar la falta de espacio de las habitaciones.
Aquí se manda el revoque de las fachadas, pero nadie se mezcla en la su­ciedad y falta de ventilación de los patios y escaleras, en lo inconveniente de los hogares y letrinas de las casas de vecindad.»

Vamos a recorrer ese Madrid de 1877. Recordemos que desde hacía dos años, reinaba Alfonso XII,que entonces tenía 20 años. Este es un Madrid en color sepia, (la fotografía en color aún no se había inventado).
Para el recorrido, le indicaremos al cochero a que barrio queremos ir. El nos llevará por los distintos principales edificios que pararemos en los que están señalados en rojo.

Así que subamos al "simon".

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