En este primer apartado sobre la evolución de Madrid, lo vamos a hacer tomando como referencia un fragmento del plano del Madrid actual (Teniendo en cuenta que solamente es la zona centro y que esta zona, representa nada más que el 16% del Madrid de hoy)
Basándonos en este plano y conservándole como fondo para poder comparar la evolución de Madrid desde el siglo IX (año 852), hasta el siglo XVII (en 1656) en el que se paralizó su crecimiento durante más de dos siglos, debido a la cerca mandada construir por Felipe IV en 1625 y que paralizó este crecimiento durante más de dos siglos.
Pero antes, vamos a recordar brevemente la prehistoria de Madrid.
En el Plano de Texeira, plano que recorreremos en el apartado del Madrid de los Austrias, podemos leer la leyenda que hay en la parte superior y que dice:
No cabe duda de que quienes la llamaron Mantua Carpetana y dijeron que había sido fundada por Ocno Bianor, hijo de la hermosa Manto y del río Tiberino, usaron un tanto románticamente su fantasía ya que no hay ningún dato que confirmen estas leyendas. De cualquier forma, vamos a recordar como nos lo dice Jerónimo de la Quintana, para que nos hagamos una idea:
"...Ocno Bianor, hijo de Tiberio o Tiberino, Rey de la Toscana y de los latinos, y de la hada Mantho, que floreció en Tebas y como adivina, la llevó Teseo cuando hizo guerra a Creonte; mas como Teseo fue despojado del reino de Atenas, ella se lanzó al mar, y fue a parar a las costas de Italia, la recogió el Rey Tiberino y tuvo en ella al Príncipe Ocno Bianor, a quien Virgilio, en su Eneida, llama capitán de guerra, el cual nació después de la muerte desgraciada de su padre, en la guerra que hizo a Glauco Cretense, y estando la victoria de su parte, cayó en el rió Albula y se ahogó en él, tomando por ese suceso el nombre de Tiber de allí en adelante el río..."
Pero como en Italia ya había una Mantua, a la de aquí, se le tuvo que poner un apellido. Y este apellido es el de Carpetanorum. En fin que esto no es más que un rasgo romántico utilizado para emparentar la fundación de una ciudad con los héroes homéricos, como hizo Virgilio con la fundación de Roma por Eneas o también Lisboa que dicen que fue fundada por Ulises.
Lo que si tiene Madrid, son doce siglos de historia, y milenios de prehistoria. Ya que, lo que si es seguro, es que el hombre paleolítico habitó el valle del Manzanares, que por entonces, estaba poblado por elefantes gigantescos, toros parecidos al bisonte y ciervos de enorme cornamenta, viviendo en un clima muy propicio por lo húmedo y caluroso.
A mediados del siglo XIX, se realizan en las terrazas de los ríos madrileños Manzanares y Jarama, los primeros descubrimientos de varios yacimientos arqueológicos, con lo que se pone fin a una serie de leyendas y tradiciones en torno a los orígenes de Madrid. Se demuestra así la antigüedad de la ciudad, remontándose al Paleolítico los restos de los primeros asentamientos humanos en los márgenes de estos ríos, mientras que los restos de animales fósiles, pertenecen a los últimos estratos del Terciario.
Estas terrazas en las que el Manzanares excavó su curso a lo largo del Cuaternario, constituyen una de las zonas más ricas en yacimientos paleolíticos. Gracias a la aparición de numerosos objetos, se diferencian con claridad las distintas etapas por las que pasó el suelo de Madrid.
El Paleolítico Inferior, con cuantiosos yacimientos en ambas márgenes del Manzanares, en los que aparecen hachas de mano con una talla tosca. El hombre está dominado por la naturaleza y depende de ella, dedicándose a la caza, pesca y recolección. En el Paleolítico Medio los útiles están más perfeccionados; trabajando sobre las lascas, consiguen piezas más pequeñas; aparecen puntas de flecha, raederas, buriles... El hombre continúa siendo nómada y vive de los recursos naturales.
Del Paleolítico Superior han aparecido en ambas márgenes del Manzanares gran cantidad de yacimientos en los que, además de los utensilios de piedra de períodos anteriores, ahora más finamente tallados y con trabajo de retoque, es importante la industria del hueso con agujas, azagayas y propulsores. Aparecen el arpón y la cestería, a la que se considera precedente de la cerámica. El hombre vive formando pequeñas comunidades que van siguiendo a la caza.
En este período ya se observan ritos funerarios en los enterramientos descubiertos. El Museo Arqueológico Nacional de Madrid, posee una copiosa colección de restos arqueológicos procedentes de estos yacimientos del Madrid prehistórico.
Como consecuencia de los cambios climáticos de finales del Pleistoceno, se producirá lo que se viene llamando revolución neolítica, ya que traerá un cambio total en la sociedad. El hombre se verá obligado a cultivar la tierra y criar los animales para procurarse alimentos. Nacen así la agricultura y la ganadería, y el hombre se hará sedentario.
Estos cambios producidos en la forma de vida de los hombres del neolítico traerán como consecuencia la aparición de nuevos útiles, como molinos manuales, silos, los telares, la rueda y la cerámica. En los alrededores de Madrid se desarrollará la Cultura del Vaso Campaniforme, que se corresponde con la introducción de los metales.
Durante la Edad del Hierro, Madrid era un pequeño poblado de forma alargada junto a la orilla del río, en el que sus habitantes se dedicaban fundamentalmente a la agricultura, la ganadería y la pesca. La base de la organización social era el clan familiar, y se observan diferencias sociales, a juzgar por los ajuares funerarios aparecidos en los enterramientos. En este momento tiene gran importancia la cerámica -ya se emplean el torno y el horno-, y la decoración pintada aparece formando motivos geométricos.
La romanización de la Meseta castellana fue lenta, ya que estos pueblos celtíberos pusieron gran resistencia a los romanos, siendo al final sometidos y tratados como esclavos. De los yacimientos más importantes aparecidos en los alrededores de Madrid, destacan los de Carabanchel y Villaverde, con restos de villas de los siglos I, II y III de las que se conservan en bastante buen estado mosaicos y decoración de estucos pintados.
Cuando en el siglo V, los visigodos se establecen definitivamente en la península, Madrid es todavía una aldea en la que la organización local está basada en asambleas vecinales. La mayor parte de los yacimientos encontrados en esta zona son necrópolis con sepulturas excavadas a poca profundidad.
Y hasta aquí la prehistoria de Madrid para entrar en el Madrid histórico. El plano que utilizamos comprende desde la glorieta de Quevedo en el norte a la glorieta de embajadores al sur y es el que nos sirve de base.
Por que la verdadera historia de Madrid, comienza cuando Mohammed I, hijo de Abderraman II, levantó su Alcazaba en un altozano que dominaba el Manzanares junto a un arroyuelo que discurría a sus pies. Este arroyuelo es hoy la calle de Segovia. Una placa frente a la cripta de La Almudena, nos lo recuerda
En torno a esta Alcazaba, moros y mozárabes formaron sobre un posible y primitivo pueblecito visigodo, la Medina. Todo ello rodeado por una fuerte muralla que arrancaba del ángulo suroeste de la fortaleza, continuaba por el escarpe, llegando a la Cuesta de la Vega, donde se abría una de las puertas. Seguía un lienzo bordeando la Medina. En algún punto de este tramo surgía una coracha o brazo pequeño de muralla, que moría en la Torre Narigués, que debía ser una avanzada sobre la caída del terreno. Continuaba la muralla por detrás del actual edificio de Capitanía, para en la calle Mayor, abrirse otra puerta.
Llegada a este punto, el recorrido de la muralla experimentaba otro giro orientándose hacia el norte, por la actual calle del Factor, para llegar a la también actual Plaza de Oriente donde se abría una tercera puerta, para continuar hacia el noreste y unirse de nuevo a la fortaleza cerrando así el perímetro.
La muralla que hoy conocemos como la muralla árabe y de la que se conserva un lienzo que hoy por hoy, es el mayor y mejor que conservamos, estaba construida de cal y canto, rematada con fina mampostería de brillante pedernal. Juan de Mena diría un día de aquel Madrid lejano que:
"...era cercada de fuego..."
Se referiría, sin duda, a los reflejos dorados que al atardecer, el sol pondría en el duro pedernal del recinto fortificado de aquella pequeña villa, que se había llamado posiblemente Mayryt, Magerit, Maierit a la manera arábiga; Matrice o Matrit a la manera visigoda o latina.
Las dos puertas de la muralla, la del suroeste o Puerta de la Vega que era la salida hacia el río, y la del sureste o de la Medina, en el arranque del camino de Guadalajara, eran las utilizadas mayoritariamente para entrar y salir del pequeño recinto. Ambas puertas, tenían en el cuerpo central un gran arco de herradura, flanqueado a los lados por dos macizas torres. La tercera puerta, llamada de la Sagra, era bastante más sencilla y tendría sólamente utilidad militar. Esta es al menos la descripción que de las puertas madrileñas nos hicieron López de Hoyos y Jerónimo de la Quintana, a finales del siglo XVI y principios del XVII.
Surge así la primera fortificación de Madrid que encerraba la ciudadela y la medina y el perímetro de esta primera muralla, sería una cosa así.
Los árabes conservaron la Alcazaba o fortaleza con la Medina en su poder, entre diversas alternativas guerreras por más de dos siglos. La villa fue ampliada por Abderraman III y tras sufrir otra devastación por Alfonso I, en el año 939 fue conquistada nuevamente por Ramiro II. La pequeña Villa de Madrid, pasa a formar parte de la Corona de Castilla al ser definitivamente conquistada el año 1083 por Alfonso VI en su avance hacia Toledo.
Para ubicarnos en la historia, recordemos que Alfonso VI fue aquel a quien El Cid Campeador hizo jurar ante todos los nobles castellanos en Santa Gadea de Burgos que no había tomado parte en la muerte de su hermano Sancho.
Al conquistar los cristianos una ciudad musulnana, lo primero que hacían era sustituir los símbolos musulmanes por los cristianos: la cruz y el pendón. En el caso de Madrid, aparte de sustituir las banderas en lo más alto de la fortaleza, lo más importante fue la de consagrar al culto cristiano la mezquita mayor. Esta estaba junto a la puerta de la Medina y los cristianos la convirtieron en la La iglesia de Santa María que después de varias reconstrucciones perduró hasta mediados del siglo XIX y la puerta aledaña de la muralla, tomó este mismo nombre.
A pesar de todo, Madrid seguiría siendo una medina, donde estaban muy enraizadas las costumbres, la lengua, los tipos y edificaciones musulmanas. Si para los castellano-leoneses, Madrid no había sido una población significativa, para los musulmanes si que lo era. La almudena madrileña era famosa por su soberbia fortaleza, de cuya construcción se sentían orgullosos los árabes y cuya importancia y valor estratégico les era perfectamente conocido. El prestigio y significado del castillo de Madrid será un lugar común en los textos musulmanes. Y si para los cristianos era capital conservar Toledo, la vieja capital visigoda del Tajo, para el mundo musulmán, la llave de la carpetania se llamaba Madrid. La invasión de los almorávides de Al-Andalus, a principios del siglo XII, creó un alto riesgo para los nuevos territorios cristianos.
Un caudillo almorávide, Alí Ben Yusuf, con fama de terrible y duro, arrasó las tierras centrales de la Meseta, y puso sitio a Madrid en el año 1110. Levantó el moro su campamento en una explanada al pie de la mítica fortaleza, cerca del río Manzanares, en un lugar que ya pasaría a la nomenclatura histórica madrileña con el nombre del Campo del Moro, y que hoy son los jardines del palacio real.
No se sabe con exactitud, cuáles serían las intenciones de los sitiadores ni el tiempo que estaban dispuestos a resistir, pero después de varios meses, sitiando el Alcázar y su inmediata medina, poco a poco las huestes de Ben Yusuf, fueron cayendo en el desaliento ante la comprobación de que los sitiados disfrutaban de abundante agua, elemento capital para poder resistir o claudicar. Los almorávides levantaron el campamento y se marcharon desistiendo de poseer nuevamente Madrid.
Antes de integrarse definitivamente en la cristiandad, la villa de Madrid, ya había adoptado por patrona a la Virgen de la Almudena cuya imagen fue descubierta en un cubo de la muralla, en un punto cercano al actual de unión entre las calles de Bailén y Mayor. De nuevo, la villa de Madrid fue conquistada por los árabes en 1109 por Tejufin, rey almorávide. Y después de una batalla, es de nuevo cristiana.
En el transcurso del reinado de Alfonso VI tuvo lugar el nacimiento de San Isidro. Aquel labrador, jornalero que trabajaba para Iván de Vargas, que con el tiempo habría de convertirse en Patrono de Madrid.
En el reinado de Alfonso VIII, a comienzos del siglo XIII, El Madrid medieval va convirtiéndose poco a poco en una localidad importante.En 1262, Alfonso X el Sabio le otorga el Fuero Real en 1262. El Fuero de Madrid fue un ordenamiento jurídico a seguir por la villa desde 1202 hasta 1348.
Alfonso X el Sabio otorgó el Fuero Real,con privilegios a los caballeros de la Villa y tratando de hacerlo unificadamente, no aceptándolo en absoluto Madrid, que siguió rigiéndose por el antiguo. Por ello, en 1272 y en Burgos, tan solo 10 años después, devolvió por privilegio real el Fuero Viejo, lo que confirmaron posteriormente Fernando IV y Sancho IV.
El Fuero es una serie de normas de aplicación general y mandatos, recogiendo derechos fundamentales y costumbres En el caso de Madrid, fue el Concejo el propio legislador, siendo elaborado por los propios vecinos miembros de dicho Concejo formado por fiadores, andadores, alguaciles, alcaldes, mayordomos, etc,
La reconquista de Madrid tuvo varias consecuencias entre ellas, el desplazamiento de los musulmanes a la colina al otro lado del arroyo de San Pedro y que hoy se conoce como el barrio de la morería en las Las Vistillas. Este lugar había estado poblado anteriormente por los mozárabes y cristianos durante la dominación islámica. Mientras que éstos se asentaban en los antiguos barrios musulmanes de la medina. Las dos comunidades cristiana y mora, coexistieron pacíficamente durante casi medio siglo.
Pero posteriormente, en 1494 sobrevino la expulsión de los infieles y desaparecieron de dicho barrio la sinagoga y otros edificios típicos.
Como consecuencia, se fueron creando nuevas circunscripciones urbanas organizadas en torno a pequeños templos parroquiales, constituyendo, así, las características colaciones urbanas medievales en torno a las iglesias de Santa María, San Andrés, San Pedro, San Justo, San Salvador, San Miguel de los Octoes, San Juan, San Nicolás, San Miguel de la Sagra y Santiago
En las afueras de la muralla cristiana se creó el monasterio de San Martín, de la órden cluniacense. Fue fundado por Alfonso VI y acrecentado en el año 1125 por su hijo Alfonso VII con el privilegio de carta puebla. Esta fundación monacal constituyó el embrión del primer arrabal que se formó en la ciudad.
En el Año 1329, el rey Fernando V reunió las Cortes en Madrid, por primera vez. Los reyes cristianos residían largas temporadas en el Alcazar, que poco a poco iba perdiendo su función militar para convertirse en recinto palaciego, al irse añadiendo nuevas estancias. Casi siempre residió el rey Pedro I en Madrid, para lo cual acomodó el viejo castillo en palacio, y a Madrid fueron traídos sus restos por su nieta doña Constanza, que era abadesa del monasterio de Santo Domingo.
Diez años después, una milicia madrileña participa en la batalla de las Navas de Tolosa llevando ya como divisa un oso con un madroño, escudo actual la de la capital. Fernando IV reúne Cortes el año 1392 y allí se proclama rey a Enrique III, antes de que lo hubiese hecho ninguna otra ciudad.
La antigua Alcazaba, fue destruida por un incendio en tiempo de Enrique II. La reconstruyó ya al estilo cristiano su nieto Enrique III. Juan II, vino a Madrid al cumplir la mayoría de edad en 1420, y al año siguiente reunió Cortes en Madrid
Enrique IV, fue también otro monarca muy aficionado a Madrid, donde solía residir habitualmente. Este monarca de la dinastía de los Trastamara, engrandece Madrid y funda el monasterio de San Jerónimo de El Paso en el camino de El Pardo. Y confirió a Madrid el título de "Muy Noble y Muy Leal". Enrique, era hijo de Juan II de Castilla y de María de Aragón, por lo tanto hermanastro de Isabel, la que sería conocida como "La Católica.
Enrique, era muy guapo, muy buen mozo, pero... impotente. Y por este apelativo se le conoce en la Historia En 1440, contrajo matrimonio con Blanca de Navarra, separándose de ella en 1443 por causa de su impotencia. En 1455 celebró nuevos y fastuosos esponsales en Madrid, con Juana de Portugal, pero la nueva esposa, gozaba de la misma impotencia real que la anterior.
A la reina ésto no le importaba demasiado por que por allí andaba el Beltrán de la Cueva. Y al Enrique tampoco le importaba demasiado, porque se había rodeado de una guardia mora cuidadosamente seleccionada por él mismo. Y cuando lo necesitaba, pues... le arreglaban el cuerpo.
Pero claro, oficialmente, los reyes tuvieron una hija a la que llamaron Juana. Pero los nobles castellanos, que no eran tontos y sabían de quien era la niña, intentaron que reconociera como heredero a su hermano, el príncipe Alfonso, y propagaron el "rumor" de que su Juana era ilegítima, apodándola "La Beltraneja".
Esos mismos nobles castellanos, que ya estaban un poco hartos del contubernio del de la Cueva y de la guardia mora del rey, en una ceremonia conocida como "la Farsa de Ávila", Enrique, fue simbólicamente destronado y su hermano Alfonso proclamado rey. La lucha entre los hermanos duró hasta la muerte de Alfonso en 1468.
Enrique presionado por los nobles reconoció como heredera a su hermanastra Isabel en el Pacto de los toros de Guisando, en septiembre de 1468
El 11 de diciembre de 1474 fallece Enrique IV y la cuestión sucesoria dividió a la ciudad de Madrid en partidarios de Juana la Beltraneja que eran dueños de la mayor parte del recinto madrileño y de Isabel la Católica.
Madrid se pasa al bando de Isabel, pero pronto vuelve a apoyar a Juana, en cuyo bando permanecerá hasta la batalla de Toro, donde se le otorga definitivamente el trono a Isabel. Esta ya estaba casada con Fernando de Aragón y ya se les conocía como "Los reyes Católicos".
En este tiempo, Madrid era una villa con una población cercana a los doce mil habitantes, cuya importancia política se había acrecentado durante los Trastámara. Madrid, gozaba de una privilegiada posición, consecuencia de un favorable ecosistema, abundancia de las aguas y la extensión de los bosques, prados y fuentes que hacían de Madrid una villa bien abastecida.
En la Guia de Madrid de Fernández de los Ríos nos la refleja así:
"...Era la comarca de Madrid fértil, casi un paraíso, a juzgar por lo que dicen algunos cronistas: huertos, bosques, prados, fuentes, un cielo azul y un clima delicioso. Los frutos de la tierra y la caza eran sobrados para mantener la población".
Hay que tener en cuenta que los límites de la villa de Madrid en esa época, eran desde el Alcazar y siguiendo por la actual calle Mayor, no llegaba ni siquiera a la puerta del sol. El límite estaba en la Puerta de Guadalajara. en la mitad del recorrido de esta calle. Y a partir de aquí todo era campo y bosques.
La descripción no debía resultar muy exagerada, si tenemos en cuenta que los bosques y la abundante caza se proyectaban desde la Sierra sin solución de continuidad hasta los mismos arrabales de la villa, donde árboles y caza alcanzaban la actual Gran Vía para enlazar con la Dehesa de la Villa y el monte de El Pardo.
José Manuel Castellanos nos dice:
...los límites de la villa, se iniciaban por el sur en los arrabales de las Vistillas y de Lavapies, en el primero las casas de una planta dispersas y rodeadas de corrales y huertas eran la tónica, articuladas en torno al convento de San Francisco, en donde fueron enterrados Enrique de Villena, Enrique IV y su esposa doña Juana, los Vargas, Luzones y Luxanes entre otros. En torno a las actuales plazas de la Cebada y de Tirso de Molina, existía el arrabal de Lavapies, en donde se concentraba la mayor parte de la población judía de la villa. La plaza de la Cebada, en aquel entonces un gran descampado, era lugar de comercio de granos, tocino y legumbres, al norte de la misma se localizaba el gran caserón destinado por Beatriz Galindo a hospital, conocido como hospital de La Latina en honor a su fundadora, cuya construcción se inició en 1499, donde hoy está el teatro de La Latina, edificado en las extensas propiedades de Francisco Ramírez, su esposo Cerca de él se encontraba el viejo matadero municipal, que pronto fue trasladado mediante autorización de los Reyes Católicos por la insalubridad y los malos olores que del mismo se desprendían....
Los Reyes Católicos, hacen su entrada en Madrid, el año 1477, hospedándose en un palacio de la plazuela de la Paja propiedad de los Lasso de Castilla. Confirmaron a Madrid en todos sus privilegios en 1476 y el pueblo les vio administrar justicia personalmente en el alcázar. Los reyes desmantelan puertas y murallas, posibilitando de esta forma el crecimiento de la villa. Una de sus primeras actuaciones fue trasladar el convento de San Jerónimo, que estaba en las afueras al lugar en que se encuentra hoy.
Tras la muerte de Isabel, El cardenal Cisneros durante su regencia fijó en Madrid su residencia. Y entra en la historia, el nieto de los Reyes Católicos, Carlos I, quien mostró gran predilección por Madrid, entre otros motivos, por haber logrado curarse aquí de unas pertinaces fiebres tercianas.
Más tarde, en 1516 los comuneros ocuparon Madrid poniendo sitio al alcázar, que no lograron rendir. Fue precisamente por estas fechas cuando se construyó una nueva puerta de la villa. Era muy sencilla y tenía un sol pintado sobre su dintel por lo que se le llamó la Puerta del Sol.
Hoy el lugar en el que estuvo esta puerta es el centro neurálgico de Madrid, conservando su nombre y siendo la única plaza que no lleva el nombre de plaza precisamente: solamente Puerta del Sol. Pero volvemos a los comuneros.
Durante la guerra de las Comunidades, Madrid tomó partido por los Comuneros. Madrid, se sumó al movimiento engrosando el ejército de Juan de Padilla, lo que no impidió que, más adelante, el emperador le concediera el título de "Imperial y Coronada". Concediendo a la villa de Madrid el privilegio de ostentar una corona sobre su escudo.
Carlos I, hace reconstruir el Alcázar que había sido muy dañado durante el asunto de La Beltraneja y después con la guerra de los Comuneros y lo convierte en residencia real.
En la batalla de Pavía, Carlos I hace prisionero a Francisco I de Francia Le retiene en la Torre de los Lujanes en la actual Plaza de la Villa. Pero a los pocos días lo aloja en el Alcázar, no ya como prisionero sino como invitado. La verdad es que no estaba prisionero. El francés, se paseaba por Madrid a sus anchas y a cuerpo de rey hasta la firma del tratado de Madrid. Y de ahí la frase: "Viva el lujo y quien lo trujo"
Madrid había alcanzado a finales del siglo XV una población cercana a los 12.000 habitantes y prácticamente la totalidad del suelo urbano había sido ocupado con nuevas edificaciones.
Enrique IV había concedido en 1463 licencia para un mercado franco en la plaza junto al Alcázar. Después se completó la actividad comercial en una extensa explanada en la salida del camino de Atocha que se conocía como plaza del Arrabal y que hoy es la Plaza Mayor.
Nuevas fundaciones monásticas se instalan en Madrid. El viejo Alcázar, cada vez más frecuentada por los reyes, se fue transformando en una residencia palaciega. Las obras de mejora comenzaron con Enrique IV, continuaron después con los Reyes Católicos. Y en el caserío de Madrid, se comienzan a construir casas señoriales. El perímetro de ese Madrid era una cosa así:
El gran impulso para la expansión de Madrid comienza con el reinado de Felipe II, que instala en 1561 la Corte. Se inicia, en rigor para Madrid, el período de los Austrias y Madrid, como mancha de aceite, comienza a dilatarse en extensión.
A finales del siglo Madrid había duplicado esa superficie y continuaba creciendo sin un plan racional.Por este asentamiento de la corte, Madrid, se convirte en punto de cita de religiosos de todas las naciones, mercaderes, diplomáticos, soldados, truhanes, príncipes, hasta hacer escribir a Navarrete que:
"...toda la inmundicia de Europa ha venido a España, sin que haya quedado en Francia, Alemania, Italia, Flandes, y aun en las islas rebeldes, cojo, manco, tullido ni ciego, que no haya venido a Castilla..."
Una provisión del Consejo de Castilla, fechada en septiembre de 1567, nos permite conocer el contorno de la cerca que limitaba Madrid. Los puntos salientes de ese perímetro estaban en la Puerta de Toledo, calle de Lavapiés, puerta de Antón Martín, Carrera de San Jerónimo, Puerta del Sol, Cedaceros, Peligros, Puerta de Santo Domingo para bajar hacia el Alcázar y completar el cierre.
Felipe III, traslada a Valladolid la corte. A pesar de ello, Madrid sigue extendiéndose acelerando su crecimiento con la vuelta de la Corte en 1606. Por lo que en 1625, Felipe IV, ordena el levantamiento de una cerca que impidiera este crecimiento gigantesco, que ya producía sobre la vida cotidiana de los madrileños toda una serie de inconvenientes y problemas.
Y se detuvo su crecimiento, pues Madrid no volvió a crecer en extensión hasta el siglo XIX en el que se comenzó el derribo de la cerca. Los límites marcados por dicha cerca son hoy las llamadas Rondas de Toledo, Embajadores y Valencia, los paseos del Prado y de Recoletos, y los bulevares de Génova, Sagasta, Carranza y Alberto Aguilera.
Pero es mejor conocer este Madrid a través del plano de Texeira,que es mucho más explícito. Pero antes, recordamos algunos de los sitios y monumentos creados en el Madrid Medieval.
LAS SEGUNDAS MURALLAS DE MADRID: Según Mesonero Romanos, el recinto amurallado en tiempos de Alfonso VI sería el siguiente:
Arrancando por detrás del Alcázar seguía recto hasta la Puerta de la Vega (hoy calle Mayor/calle Bailén) continuando por la calle Bailen y descendiendo a las huertas de Lozacho (hoy calle Segovia), remontaba hasta las Vistillas para meterse por la calle de los Mancebos y saliendo a San Andrés, antigua fortaleza menor, seguía a Puerta de Moros. Desde allí tocando en los límites de la Cava Baja y calle del Almendro llegaba a Puerta Cerrada, subía por la Cava de San Miguel hasta la calle Mayor, llamada durante mucho tiempo de las Platerías En linea recta iba por la calle Milaneses, continuando por las calles del Espejo y la de la Escalinata llegando a los Caños del Peral, torciendo por último hacia el Alcázar.
Aunque se conservan varios fragmentos de la muralla cristiana que forman parte de los cimientos de algunas de las casas de la Caba Baja, los únicos restos visibles de esta muralla se encuentran en la calle del Almendro. Se pueden ver dos fragmentos.
Y aunque el recinto está cerrado con una verja, los restos están totalmente abandonados a merced de los matojos salvajes, gatos, vecinos que tiran las bolsas de basura ect. Lo que en lugar de ser un recinto histórico, parece un verdadero basurero.
CASA DEL PASTOR: Ocupaba una manzana de la calle de Segovia. Fue el primer ayuntamiento trasumante entre Madrid y Toledo. En su fachada aparecía el escudo de la Villa, de grandes dimensiones, con el oso y el madroño, lo que revela la importancia de esta construcción en el período medieval. Hoy su lugar lo ocupa un moderno edificio de viviendas y en su fachada que da al pie del viaducto, se ha colocado el antiguo escudo.
PLAZA DE LOS CARROS: Junto a la Puerta de Moros llamada así por ser la salida del recinto amurallado hacia el barrio de la morería. El nombre de Plaza de los carros, se debe a que en este lugar se asentaban los viajeros cuando llegaban del exterior con sus carros. La Plaza de los Carros, junto con la Plaza de la Paja y la Plaza de la Cruz Verde, formaba el conjunto urbano más destacado de aquel tiempo. Funcionaba como arteria vital de la ciudad, ya que aquí se daba cita la población con un carácter comercial y de reunión.
PLAZA DE LA PAJA: Entre la calle de Segovia y la iglesia de San Andrés, se encuentra la Plaza de la Paja, lugar donde se mercantilizaba la paja para las caballerías.
Se consideraba esta plaza como la mas importante del Madrid medieval de ahí su trazado, totalmente irregular y abierto, con varias salidas a calles. La Plaza de la Paja era el principal foco comercial y civil de la ciudad.
PLAZA DE LA CRUZ VERDE: Está en la calle de Segovia. En esta plaza estaban los abrevaderos donde iban a repostar las caballerías que entraban, por la Puerta de Moros. Aún hoy se sigue conservando una fuente, no de esa época, sino de 1850. Esta Plaza debe su nombre a que allí existía una gran cruz de madera pintada de verde, que era utilizada por la Inquisición.
SAN ANDRES: Era una de las diez iglesias más antiguas de Madrid dentro del recinto amurallado medieval. Aquí estuvo el cuerpo de San Isidro. Su arquitecto es anónimo. En cuanto a su estilo, era el de gótico-mudéjar. Hoy la iglesia primitiva ha desaparecido y en su lugar se encuentra la actual, que ha sufrido varias reparaciones y reconstrucciones.
Dentro de la iglesia se encuentra la capilla de San Isidro.
SAN PEDRO EL VIEJO: En la calle del Nuncio se encuentra la iglesia de San Pedro el Viejo. Fue mandada construir por deseo del monarca Alfonso XI para conmemorar la batalla de Algeciras, a mediados del siglo XIV. Su arquitecto es anónimo, y sigue el estilo mudéjar. Es una de las parroquias más antiguas de Madrid.
Es una de las iglesias primitivas de Madrid y corresponde a un tipo del arte mudéjar que se encuentra en algunos pueblos madrileños.
El templo adyacente fue reconstruido en el siglo XVII en estilo renacentista, aunque conserve vestigios del gótico anterior. Un retablo atribuido a Churriguera y algunas esculturas de Manuel Gutiérrez, imaginero del siglo XVII, son lo más notable de este viejo templo, mucho menos interesante que la torre cuya inclinación ha llegado a ser de sesenta y cinco centímetros con referencia a la base, pero que ha sido convenientemente consolidada.En la calle del Nuncio
SAN NICOLAS DE LOS SERVITAS: Se encuentra esta Iglesia en la calle de San Nicolás, y da, por tanto, nombre a la calle. Es una de las iglesias más antiguas de Madrid. Sigue un estilo mudéjar; su arquitecto es anónimo. La iglesia ha sufrido varias transformaciones, pero conserva parte de la torre mudéjar, del tipo de alminar musulmán, que por sus arquerías repetidas, se considera del siglo XII y que, por lo tanto, fue construida ya por los cristianos. Su artesonado y yesería en el interior son del mismo estilo. El campanario propiamente dicho, que es neoclásico, y el chapitel filipino que la corona, le arrebatan la pureza que conserva su hermana mudéjar de San Pedro el Viejo.
El templo anexo, también restaurado, muestra un hermoso arco túmido al final del presbiterio. Hoy día sigue dedicándose este edificio también al culto. Su situación, está en la calle San Nicolás, esquina a la del Biombo
CAPILLA DEL OBISPO: En la antigua Plaza de la Paja, está situada la Capilla del Obispo. en la que es fama que el Cardenal Cisneros pronunció su célebre frase: "Estos son mis poderes", que no fue exactamente así, como sucede con todas las frases célebres. Se llama así porque habiendo sido iniciada su construcción por el consejero de los Reyes Católicos, don Francisco de Vargas quien ordenó en 1520 su construcción., se terminó en 1535 bajo el cuidado del hijo de éste, don Gutierre de Vargas Carvajal, que fue obispo de Plasencia de ahí su nombre popular.
En 1518 se le fue concedida a la familia Vargas la custodia de la urna en la que reposaban los restos del cuerpo de San Isidro. En 1544 al perder el pleito con la parroquia de San Andrés, tuvieron que devolver a la iglesia y la capilla queda como panteón de la familia.
Es una preciosa nave de estilo gótico, enriquecida por un espléndido retablo del altar mayor, obra del discípulo de Berruguete, Francisco de Giralte, quien lo concluyó hacia 1550. Francisco Giralte también construyó el sepulcro del obispo fundador, con su estatua orante y la de sus familiares; así como los sepulcros de los padres de éste, Francisco de Vargas e Inés de Carvajal, entre ellos el licenciado Barragán, capellán mayor de la capilla situados a ambos lados del presbiterio. Los sepulcros, ya de estilo plateresco, son de alabastro Es uno de los monumentos que podemos contemplar hoy perteneciente a la época del Madrid Medieval.
SAN JERÓNIMO EL REAL: En la actual calle Ruiz de Alarcón, se encuentra San Jerónimo el Real Enrique IV fundó en 1462 un monasterio jerónimo en el Camino de El Pardo. El inicial monasterio llamado de Santa María del Paso, edificando cerca del Manzanares, para conmemorar, por deseo del rey Enrique IV, el gallardo mantenimiento del Paso Honroso, por su favorito don Beltrán de la Cueva, en honor de su dama la reina doña Juana.
En 1501, los Reyes Católicos, ante el mal estadó que ofrecía, decidieron cambiar de lugar el monasterio, llevándolo a su actual emplazamiento. Se terminaron las obras, siguiendo un estilo gótico, en 1505. Tendrá gran relieve para la historia de España, pues ya desde Carlos 1 existía el llamado «Cuarto Viejo», donde el emperador pasara tiempos de luto y cuaresma.
Ya en 1510 se celebraron en San Jerónimo Cortes convocadas por Don Fernando el Católico; y por haber en el monasterio un cuarto real construido por Luis de Vega, arquitecto de Don Felipe II, allí se célebraron durante siglos las juras de los Príncipes de Asturias, capitulos de las Órdenes Militares y bodas regias.
Allí se celebraron Cortes del Reino y juraron los príncipes de Asturias, desde Felipe II a Isabel II; allí se casó Alfonso XIII y se celebró la exaltación del Rey Juan Carlos al trono, en 1975. Actualmente el edificio está totalmente restaurado en estilo neogótico; restauración, hecha por Narciso Pascual y Colomer, en la segunda mitad del siglo XIX, en lo relativo a la parte exterior del edificio. El interior sería restaurado por Enrique Repulles y Vargas, quien, al igual que Pascual y Colomer, no fue fiel al modelo primitivo, ya que dio al interior de la iglesia una decoración romántica.
Así que lo que hoy se ve, es muy distinto de la primitiva construcción de ladrillería mudéjar. Cuatro reconstrucciones sucesivas le han dado su fisonomía actual, que se aleja un tanto del gótico de otros templos isabelinos levantados en Ávila, Segovia y Toledo. Todavía hay, sin embargo, elementos de la fachada principal y de las laterales,. reconstruidos o repuestos con el pedernal de la obra primitiva y ladrillo del mismo color. Conserva, asimismo, un claustro del siglo XVII.
MONASTARIO DE LAS DESCALZAS: Por encargo de la princesa doña Juana de Austria, la hija menor de Carlos V y Doña Isabel de Portugal, encargó el monaterio de Las Descalzas Reales: a los artifices Antonio Sillero y Juan Bautista de Toledo, arquitecto éste del monasterio de El Escorial. En 1559 comenzó la transformación del antiguo palacio, quizá de Donjuan II, en el que había nacido la princesa, en el convento.
Lo queria Doña Juana de Austria para instalar en él a las religiosas franciscanas descalzas de la Orden de Santa Clara, que había traído del convento de Gandía, fundado por el papa Alejandro VI.
La iglesia, dirigida por Toledo, estaba terminada en 1564. El palacio, transformado por Sillero en en el estilo que dominaba en su tiempo. Pese a la posterior reforma el conjunto es una valiosa muestra del momento en que el renacentismo ha clausurado el periodo ojival más propio del medievo.
Encierra el monasterio grandísimas riquezas artísticas, ya que fue muy protegido por reyes y pontífices. Una parte ha sido abierta al público como museo. Joyas, relicarios, tapices de gran belleza y mayor valor, tallas de Becerra y Pedro de Mena, cuadros de Sánchez Coello, Tiziano y otros maestros y otras muchas piezas forman un verdadero tesoro de arte que preside la estatua orante de la fundadora, realizada por Pompeyo Leoni, instalada en la iglesia al lado de la Epístola.
TORRE DE LOS LUJANES: La Torre de los Lujanes, se encuentra en la Plaza de La Villa frente al Ayntamiento de Madrid. De lo que fue palacio de tipo toledano, comprado por los Lujanes a los Ocaña, sólo queda una recia torre aparejada con pilares y cajones de tierra, una portada gótica en la plaza de la Villa con grandes dovelas recortadas. No se sabe el nombre de su arquitecto, pero sí que fue construida a finales del siglo xv y principios del siguiente
Por tanto, es de las pocas construcciones que permanecen en Madrid de aquella época. Pertenecía esta edificación a una de las nobles familias madrileñas, de los Lujanes, como puede verse en los escudos de la portada gótica de la Casa. Su estilo es el gótico mudéjar. Corserva un precioso arco de herradura que da a la calle del Codo y que conserva la antigua puerta de madera claveteada
Don Pedro de Luján hizo abrir esa puerta gótica entre 1472 y 1494, para dar salida al edificio después de haber sido éste repartido por su padre. La tradición quiere que en esta torre estuviera prisionero el rey Francisco 1 de Francia, después de la batalla de Pavía, pero no hay documentos históricos que lo justifiquen.
CASA DE CISNEROS: La llamada Casa de Cisneros, fue construida ya en la mitad del siglo XVI por Benito Jiménez de Cisneros, sobrino del Cardenal. Encaja bien en la fisonomía de la plaza de la Villa y conserva una notable fachada a la calle del Sacramento.
Y esta es más o menos, la evolución de Madrid en cuanto a su superficie hasta 1870 en el que se derriba la cerca de Felipe IV, aunque ya había muchas partes derribadas extraoficalmente ya que en ese Madrid del siglo XIX era imposible mantener esos límites debido al gran crecimiento demográfico.
Pero antes de que eso ocurra, volvemos al "Madrid de los Austrias", que podemos recordarle mejor a través del Plano de Texeira, para lo cual, volvemos al índice.