LA PLAZA MAYOR DE MADRID


La construcción de una gran plaza porticada, que regulara el comercio y que articulara la vida ciudadana, fue una idea que se inició en tiempos de Felipe II, encargándose en 1581 Juan de Herrera de los primeros derribos y expropiaciones.

En 1590 se comienza la Casa de la Panadería por Diego Sillero, y es ya en 1617 cuando Juan Gómez de Mora recibe el encargo de estructurar una nueva y amplia Plaza Mayor, proyectando este arquitecto, que era «maestro mayor» de la ciudad, un rectángulo de 120 metros por 94.

Las obras se realizaron con rapidez, estando terminado lo esencial sólo dos años después, en 1619. Era una plaza con calles abiertas y bloques de casas de seis plantas, separados unos de otros; estos bloques tenían soportales con pilares de piedra, mientras que la Casa de la Panadería contaba con soportal de arcos.

Las casas eran de fábrica de madera forradas de ladrillo rojo. Estas casas inauguraron en Madrid un nuevo modelo de vida, una nueva forma de vivir en pisos, dando lugar a gran cantidad de literatura de la época, satirizando sobre ello Lope, Calderón y otros.

Para la construcción de la plaza se llevaron a cabo grandes trabajos de nivelación del terreno, quedando un fuerte desnivel hacia la Cava de San Miguel.

Para solucionar este problema, Gómez de Mora realizó así las escalerillas del Arco de Cuchilleros y las altas casas de la Cava de San Miguel, que sirven a modo de dique contenedor del terreno, que presiona por la parte del este, es decir la zona donde se dispuso la plaza.

Estos edificios de la Cava fueron desde su época de construcción, en la primera mitad del XVII, hasta que en 1889 se hizo la torre de la iglesia de Santa Cruz, los más altos de toda la ciudad. Por su parte, todas las casas de la plaza se hacen con sótanos y cimientos abovedados.

Juan Gómez de Mora prolongó deliberadamente los pórticos del interior del recinto en las ocho calles que confluían en ella, quiso subrayar de esta manera su voluntad de convertir el centro porticado en un episodio de la encrucijada de los ocho caminos que conducen a los diferentes puntos de la ciudad.

La Plaza Mayor se convirtió durante todo el siglo XVII en lugar permanente de representación. Los espectáculos más sobresalientes tuvieron lugar en su recinto, previamente acondicionado: justas poéticas, entradas triunfales, autos de fe, juegos de cañas y autos sacramentales, etc.

Uno de los primeros actos festivos que tuvieron lugar, en 1620, fueron las fiestas con motivo de la beatificación de San Isidro dos años antes (1618), durando ocho días.

En la misma plaza, muy poco después, fue proclamado rey Felipe IV, en mayo de 1621, y en octubre de ese año tuvo lugar la ejecución pública de Don Rodrigo Calderón, marqués de Siete iglesias.

La plaza se acondicionaba para la celebración de las fiestas montando una serie de tablados con tribunas entre casa y casa, cerrando las calles, y en estas tribunas era donde se instalaba el público.
Los propietarios de las casas tenían que ceder sus balcones al Concejo con ocasión de las fiestas, y éste los alquilaba a la nobleza y a la alta burguesía. No había noble, que se preciase, que no tuviera su balcón en la plaza.

Los balcones tenían su tarifa, los del primer piso costaban 12 ducados, siendo el precio cada vez más barato según se ascendía en altura, hasta el último piso que costaba tres ducados.

La familia real, con los cortesanos más allegados, se instalaba en el balcón principal de la Casa de la Panadería. La plaza así acondicionada tenía capacidad para unas cincuenta mil personas.

Pero además de las fiestas, el uso cotidiano de la Plaza Mayor era el de servir de marco, apropiado y desahogado, para el único mercado que se celebraba en la ciudad.
En los soportales se situaba un mercado especializado, sobre todo gremial.

Así, los mercaderes de paños se situaban entre la calle Nueva y la de Toledo, cáñamos y sedas entre la de Toledo y Gerona, sedas e hilos entre la Nueva y la de la Sal, quincallería entre la de la Sal y Gerona, estando en el centro, al aire libre, toda la animación del mercado, con fruteras, meloneras, verduleras, aguadores y todo un mundo abigarrado de vendedores, que fue objeto de abundante literatura en la época.

La Plaza Mayor sufrió abundantes incendios, sobre todo por la naturaleza de la construcción de la misma, que era básicamente de madera. Pocos años después de inaugurarse, se quema el lado sur en 1631, que obliga a Gómez de Mora a reconstruir ese frente.
En otro de 1672 se quema la Casa de la Panadería, que es reconstruida de nuevo. Sin duda, el más grave fue el ocurrido en 1790, en que prácticamente ardió casi todo el conjunto, salvándose en esta ocasión la Casa de la Panadería y aledaños.

La reconstrucción la llevó a cabo el arquitecto neoclásico Juan de Villanueva, transformando radicalmente todo el recinto, y convirtiéndolo en una plaza neoclásica, cuyas obras se acabaron ya entrado el siglo XIX, bajo la dirección de su discípulo Custodio Moreno.
La Plaza Mayor, tal como la vemos hoy, procede de la sustancial reconstrucción, operada a finales del siglo XVIII por Juan de Villanueva, tras el incendio de 1790, que arrasó con todo el conjunto. El arquitecto neoclásico procedió a cerrar la plaza, creando grandes arcos de medio punto en la embocadura de las calles que confluían en la plaza, y construyendo encima de ellos.

Villanueva también redujo la altura de los edificios, unificándolos con la Casa de la Panadería, sustituyó toda la mayor cantidad de madera que le fue posible, por piedra, con el fin de evitar nuevos incendios, y diseñó una fachada única y continua para todo el conjunto.
Hasta hace muy poco, albergó el Archivo Histórico de la Villa, que ha pasado recientemente al centro cultural «Conde Duque». De los techos que pintaron, a medias, Claudio Coello y Donoso, para la escalera y diversos salones, sólo se conserva la bóveda del Salón Real, pintada en 1672-73, con una bellísima alegoría de Las Virtudes.

La denominación de Casa de la Panadería le viene de haber sido almacén de pan durante mucho tiempo. Lo mismo que fue almacén de carnes la otra casa hermana, al otro lado de la plaza, la Casa de la Carnicería, acabada en 1631, y que está totalmente integrada en la reconstrucción de Villanueva. Su interior está reformado, estando instaladas aquí las dependencias de la Junta Municipal del distrito de Centro.

Durante el siglo XIX la plaza se vio sometida a abundantes transformaciones. En 1848 se decidió colocar en su centro, la estatua ecuestre de Felipe III, procedente del palacete de la Casa de Campo, donde se había colocado en 1616.
Aunque la de Felipe IV sea posiblemente mejor, ésta es también uno de los más excelentes grupos escultóricos urbanos de la ciudad.

Fue idea de Don Ramón de Mesonero Romanos su traslado a este lugar, pero hubo muchas discrepancias al respecto, ya que para ciertos sectores se rompía la unidad de un espacio que siempre había servido para representaciones.

Por otra parte, estos dos reyes de Los Austrias, son los que menos hicieron por Madrid: El tercero se llevó la Corte a Valladolid, entre otras cosas relativas al Duque de Lerma, la principal era que no le gustaba Madrid.
Aparte de que sus mayores inquietudes eran la caza y las fiestas.

Y el Cuarto Felipe, además de atenazar Madrid con una cerca, se reservó para él solito y su corte, el Buen Retiro que ocupaba la tercera parte de Madrid.
Y también tenía dos grandes pasiones por Madrid: las fiestas y la caza.

Aún así, las estatuas de estos dos Austrias, están ubicadas en las dos plazas más emblematicas de Madrid: en la Plaza Mayor la del tercero de los Felipes y en la Plaza de Oriente la del cuarto...

La denominación de la plaza cambio en el XIX con tantos vaivenes como cambiaba la ajetreada y convulsa vida política de este país.
Así se la llamó Plaza de la Constitución, Plaza de la República, Plaza Real, Plaza de la República Federal, etc.
Durante mucho tiempo tuvo jardines, bancos e incluso vías de tranvías. En los años de la Segunda República, se procedió, bajo la dirección de García Mercadal, a una recuperación «historicista»
Pero la agresión más grave a la integridad física y ambiental de la plaza tuvo lugar en 1967-69, cuando se procedió a viciar su subsuelo para instalar un aparcamiento subterráneo y pasajes para el cruce de vehículos, lo que ha debilitado grandemente sus cimientos.